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12 abril, 2018 / Instituto Calasancio
«¿Por qué yo? Dios nos da sin pedir nada a cambio»

Qué es lo que sucede después de estar al borde la muerte y volver a la vida tras la intercesión de un santo? Verónica salió de la muerte cerebral gracias al padre Faustino Míguez

«Han pasado 14 años, pero seguimos viviendo aquel momento como si fuera ayer», dice la chilena Verónica Stoberg, a quien en el año 2003 se le diagnosticó muerte cerebral tras una complicación del embarazo de su cuarto hijo, Sebastián. A su esposo le llamaron con urgencia para que fuera a despedirse de ella al hospital, pero antes pasó con sus hijas por la capilla del colegio de las calasancias en Santiago para rezar, y allí su marido le pidió al padre Faustino Míguez: «Peladito [calvito], échale una mano a Verónica». Así surgió el milagro que posibilitó en octubre del año pasado la canonización del fundador del Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora.

Ese favor «nos estremeció mucho a mí y a mi familia», cuenta Verónica, a la que durante muchos años le ha acompañado la pregunta: ¿Por qué a mí? «Yo soy muy común y pecadora, no tengo nada de extraordinario. Para mí ha sido una deuda y una responsabilidad muy grande. En estos años he conocido a mamás que han enfermado y han muerto. Entonces, ¿por qué yo? Con el tiempo he ido comprendiendo que Dios nos da sin pedir nada a cambio. Nos da solo porque nos ama. Yo ahora vivo para testimoniar que Él está con nosotros, para ayudar a muchas personas que se cuestionan todo lo relacionado con la fe, gente que busca respuestas sin contar con Dios. Quiero mostrarles que Dios está en lo cotidiano en nuestra vida, donde muchas veces no lo vemos».

En lo personal, la relación de Verónica con Jesús «ha aumentado». Aunque «siempre fui católica e iba a retiros y a Misa, ahora tengo a Jesús todavía más presente. Disfruto cada día y cada momento. Si hay sol estoy feliz, y si hay nubes estoy feliz». Junto a eso, su experiencia le ha ayudado a vivir mejor los problemas: «Por mi hospitalización, tuvimos una gran cantidad de apuros económicos, por los muchos gastos médicos. Eso nos llevó a una vida de deudas hasta el día de hoy. Son problemas bien grandes pero con la presencia de Dios en tu vida los ves de otra forma. Con Dios en el centro, te mantienes unida a tu familia y el diálogo no se rompe. Si hay un problema rezamos y le pedimos; y si hay algo bueno lo agradecemos».

En su entorno más próximo, el que más ha cambiado es Pedro, su marido: «Después de mi recuperación, él se ha acercado mucho a Dios. Antes era creyente pero solo de palabra, pero ahora sí lo siente con más fuerza. Ahora cree en Dios con una gran fe, y eso lo muestra en su entorno».

Además, la experiencia de Verónica le ha servido para que otros saquen a la luz la intervención de Dios en sus vidas: «La gente se me acerca y me cuenta milagros aún más grandes que el mío. Todo esto no lo podemos quedar para nosotros, porque hay muchas personas que sufren y cuando les llegan historias de este tipo, de fe, de amor y de esperanza, eso les ayuda mucho. A mí, todo esto me ha convencido todavía más de la fuerza de la fe y de la presencia constante de Dios en nuestras vidas».

 Tomado de Alfa y Omega Nº 1068, 12.04.2018

 

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