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17 octubre, 2017 / Instituto Calasancio
CELEBRAMOS SAN FAUSTINO COMO FAMILIA CALASANCIA

Hoy, en el contexto del año jubilar calasancio y en acción de gracias profunda y alegre por la canonización del P. Faustino, se ha celebrado en la Iglesia de San Pantaleón la eucaristía de la Familia Calasancia. Se trata de una celebración que se ha hecho coincidir con el reconocimiento de la santidad de Faustino Míguez, para que nos ayude a vivir con fuerza y capacidad de servicio el don carismático recibido.

En una entrañable eucaristía presidida por el P. Pedro Aguado, Superior General de los PP. Escolapios y concelebrada por padres Escolapios, Cavanis y Kalasantiner, todos los miembros de los distintos institutos de la Familia Calasancia, representados por los superiores mayores y otros religiosos, hemos dado gracias a Dios porque el Papa Francisco ha declarado santo a un miembro de nuestra familia.

Después del saludo inicial del P. General de la Orden de las Escuelas Pías, se ha realizado el rito de bendición de la imagen de San Faustino Míguez que se ha colocado en la Iglesia de San Pantaleón, donde descansan los restos de Calasanz.

Tras la lectura del relato evangélico de las bienaventuranzas por parte del P. Daniel Hallado, el P. Pedro Aguado ha realizado la oración de bendición y la aspersión sobre la imagen del nuevo santo. Ha concluido el rito con la oración a San Faustino por parte de M. Sacramento Calderón, Superiora General del Instituto Calasancio:

San Faustino, tú que como hijo amado incondicionalmente por Dios Padre
y que con una fe inquebrantable supiste confiar solo en Él
poniéndote incondicionalmente en Sus manos como barro en las del alfarero,
intercede por los que formamos parte de la Familia Calasancia
para que seamos tierra permeable abierta a Su voluntad
y dejemos obrar a Dios que sabe bien lo que nos conviene.

San Faustino, a ti que fuiste fiel discípulo de Jesús maestro en la escuela de Calasanz
y siguiendo su camino de abajamiento te hiciste pequeño con los pequeños,
te rogamos que le hables a Dios Padre de todos los que hoy le seguimos
desde las diferentes vocaciones en esta escuela del amor,
para que sepamos ser como niños, sentirnos siempre discípulos
y caminar por la senda de la humildad que nos inclina a comunicarnos con los pequeños
y le pidas que siga suscitando hoy entre los jóvenes
colaboradores al servicio de Su Reino.

San Faustino, tú que como hombre movido por el Espíritu
supiste dar respuestas creativas desde el evangelio
a situaciones y necesidades nuevas,
ruega al Padre Dios que avive y encienda cada día en nosotros la pasión evangelizadora
y nos haga hombres y mujeres de corazón y ojos abiertos
que, con sencillez y olvidándose de sí mismos,
sigan liberando hoy de las nuevas tinieblas de la ignorancia
y cuidando la bondad e inocencia del corazón humano.

San Faustino, tú que seguiste los pasos de Jesús que acoge, bendice y acaricia a los niños
y nos invitas, como él, a amarlos sin límites, en especial a los más pobres,
presenta ante el Padre a todos los niños y jóvenes de nuestros colegios
para que los bendiga y ponga en sus caminos testigos de vida
que despierten lo mejor que hay en ellos
y les abran horizontes de sentido y felicidad.

San Faustino, a ti que abriste caminos de plenitud a la niñez y juventud femeninas,
te encomendamos a tantas niñas y mujeres de nuestro mundo
a las que hoy se les sigue negando el acceso al pan de la educación,
intercede para que nosotros sepamos ser para ellas
cercanía y presencia del Reino, como tú lo fuiste.

San Faustino, tú que nos quieres colaboradores del Reino de Dios
al estilo del Buen Pastor, que pasa haciendo el bien hasta dar la vida
y encamina hasta la felicidad,
presenta al Padre de las luces a todos los educadores calasancias para que,
sabiéndose sencillos cooperadores de la verdad,
salgan al encuentro de los niños y jóvenes, los acojan y los acompañen
desde la Piedad y las Letras en su proceso de crecimiento como hijos tuyos.

San Faustino, a ti que fuiste un hombre al cuidado de la vida,
que pusiste tu ciencia al servicio de la humanidad doliente
y que, como buen samaritano, supiste hacerte cargo de las necesidades de los demás,
intercede por todos los que hoy nos alegramos con la obra de Dios en ti
para que, como tú, seamos hombres y mujeres al servicio de la vida,
al cuidado de la creación, obra de sus manos,
de todo lo que como don hemos recibido de Dios para gloria de Su nombre.

San Faustino, por la acción del Espíritu en ti alabamos y damos gracias a Dios
por medio de su hijo Jesucristo. Amén.

En la liturgia de la Palabra ha participado M. Mª Luisa Domínguez, que ha proclamado la lectura del libro de Génesis. En ella nos presentaba a Abraham como modelo de fe, en clara referencia a la fe firme de San Faustino a lo largo de su vida. M. Olga, escolapia, ha leído las bellas palabras de la primera carta de San Pablo a los tesalonicenses, en la que el apóstolexpresa su disponibilidad a entregar a las comunidades por él fundadas no solo el evangelio, sino su propia vida. Estas palabras han resonado en todos nosotros de una manera especial porque nos han recordado la vida de los distintos fundadores calasancios.

Durante la homilía, en la que el P. Pedro Agudo ha matizado que estábamos celebrando la liturgia propia de Calasanz, nos ha recordado las palabras que le dirigió el Papa Francisco cuando declaró el Año Jubilar Calasancio: «Celebren su jubileo mirando a los niños, mirando a los jóvenes y mirando a la misión». Y ha añadido que esto implica que no nos miremos a nosotros mismos, que pongamos nuestra mirada en la misión, pues nuestra familia solo será calasancia si es misionera. Además, ha afirmado que «cuando la Iglesia canoniza, nos da un mensaje claro: somos llamados a la santidad, y santidad es tratar de vivir haciendo honestamente la voluntad de Dios, desafío que nos supera. Por eso, la santidad no es nunca el resultado de nuestros esfuerzos, sino un don generoso que Dios nos da para sostenernos en estos esfuerzos. Y tenemos un claro ejemplo en San Faustino. Un buen hijo de Calasanz que supo estar toda su vida disponible para lo que Dios le pedía». El reto para nosotros, por tanto, es claro.

M. Amanda Valdés, Consejera General, M. Mª Angustias de la Plata, Delegada del Sector EAI, y un sacerdote escolapio han realizado las oraciones de los fieles, que han puesto en manos de Dios a la Iglesia, a los pequeños de nuestro mundo, a los niños y jóvenes y a toda la Familia Calasancia.

Al término de la Eucaristía, M. Sacramento y P. Pedro han dirigido unas palabras a quienes allí se encontraban. Por un lado, nuestra Superiora General ha destacado que «Permanecer fieles en el amor desde la vocación personal es el mensaje del nuevo santo». Por su parte, el P. General de los Escolapios ha expresado la alegría por la numerosa participación en la celebración de representantes de todas las congregaciones calasancias, que se han desplazado a Roma para vivir con alegría la canonización de un hijo de Calasanz, y un deseo para todos nosotros: «Que el Señor nos conceda un trocito de su espíritu (de San Faustino Míguez) para llegar a ser los hijos de Calasanz que nosotros también estamos llamados a ser».

Con el canto del Himno a San José de Calasanz ha concluido la Eucaristía que ha querido ser una acción de gracias por la vida del nuevo santo. San Faustino Miguez ha vivido en fidelidad a Dios y a los hermanos haciendo de su vida una entrega sin límites y buscando siempre la gloria de Dios y la mayor utilidad del prójimo. En su vida entendemos que se puede llegar a Dios en el servicio callado y sencillo de la escuela. Y la Iglesia lo ha reconocido como modelo de santidad. Para todos.

Toda celebración es poca para expresar la alegría que esto nos genera a quienes nos sentimos partícipes del carisma calasancio. Es cierto que con esta eucaristía concluyen los actos de la canonización en Roma, pero ahora continúan las celebraciones en los distintos lugares de presencia calasancia. Que todos sepamos vivir con responsabilidad y hondura lo que el reconocimiento de la santidad del P. Faustino supone para la Iglesia y, de una manera especial, para nuestro Instituto: «Ser como se debe ser o no ser».

 

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