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Beato Faustino Míguez

Beato Faustino Míguez

sacerdote
El Padre Faustino descubrió, desde bien niño, que Dios lo llamaba a ser sacerdote.
Poco a poco, a través de la oración, de la lectura de la Palabra y de los acontecimientos diarios, el Señor le reveló que su sueño para él era ser sacerdote escolapio, es decir, por ejercer su ministerio también en la escuela, educando a niños y jóvenes al estilo de San José de Calasanz.

Faustino acogió con gratitud esta invitación de Dios y vivió siempre con alegría y profundidad su ser sacerdote. Él mismo escribía:

«La influencia del sacerdote abraza inmensas proporciones. La tiene en el hogar doméstico, la ejerce en el ánimo del pobre que fortifica, en el huérfano a quien consuela, en el del menesteroso a quien enjuga sus lágrimas… Pero, lo más maravilloso de su acción se encuentra en relación a la individualidad. Apenas un ser viviente abre sus ojos a la luz del tiempo, ya le pertenece: santifica el principio de su existencia, tiende a santificarle por todo el tiempo de su vida y le recoge el postrer aliento en su eterna emigración…»
(HPF)

Quienes lo conocieron destacan los largos ratos del día que dedicaba a la dirección espiritual, al confesionario… y, sobre todo, la cercanía y humanidad con que acogía a quienes acudían a él.


En definitiva, el Padre Faustino entendió su ser sacerdote escolapio como ser un hombre del pueblo y para el pueblo, educando y sanando, como Jesús de Nazareth y San José de Calasanz.
 
Beato Faustino Míguez